Escribir sobre uno mismo, aunque sea solo unas pinceladas, siempre resulta un tanto extraño. Sin embargo, la premisa es sencilla: me siento profundamente afortunado por haber encontrado en la fotografía mi gran pasión.
Durante más de treinta años, me ha llevado a explorar los rincones más remotos del planeta, recorriendo más de cuarenta países en los cinco continentes. Desde las impenetrables selvas del centro de África, donde los últimos gorilas de montaña desafían la espesura, hasta los paisajes helados del Ártico, más allá del paralelo 78, siguiendo las huellas del majestuoso oso polar, pasando por el Amazonas, el gran santuario de la biodiversidad, o las brumosas selvas lluviosas del oeste de Canadá, llenas de leyendas y supersticiones, hogar del esquivo y misterioso oso Kermode. Estas experiencias me han permitido no solo captar la esencia de ecosistemas únicos, sus paisajes, su vida salvaje y sus culturas, sino que también me han proporcionado experiencias tremendamente transformadoras. Cada viaje, cada paisaje y cada encuentro me han enriquecido profundamente, creando una conexión especial con el mundo natural y sus múltiples dimensiones. Creo firmemente que un fotógrafo no nace, sino que se construye a través del trabajo, la dedicación y, sobre todo, la curiosidad. Hay algo que nos mueve, una necesidad de contar historias a través de la lente, de ver el mundo desde otra perspectiva, de sentirse más cómodo detrás de la cámara que delante de ella. Pero ser fotógrafo exige crecimiento constante e inspiración, algo que yo he encontrado en grandes referentes que han marcado mi camino. Desde las impactantes imágenes de conservacionistas como Paul Nicklen y Bertie Gregory, hasta exquisitos retratistas de lo cotidiano, como Steve McCurry, fotoperiodistas intrépidos como Brent Stirton, paisajistas visionarios como Sebastião Salgado o Ansel Adams, o artistas de la lente como Marco Gaiotti o Ignacio Palacios. Si mis imágenes logran transmitir, aunque sea en una ínfima parte, la admiración y el respeto que siento por la naturaleza y la vida salvaje, si logro inspirar en otros la misma emoción y curiosidad que mis referentes han despertado en mí, habré cumplido con mi propósito.
La “foto perfecta” es un término profundamente subjetivo; cada uno probablemente tiene una idea distinta de lo que significa la perfección en el contexto de la fotografía. Sin embargo, creo que no depende tanto del equipo como de las condiciones y, sobre todo, del ojo y la sensibilidad del fotógrafo. Siempre me esfuerzo por alcanzar esa foto perfecta. Busco composiciones sólidas y sujetos interesantes, y trato de permanecer el tiempo necesario en cada lugar para desarrollar una afinidad con su entorno, su fauna o su gente.
Mi objetivo es llegar a ser casi invisible, permitiendo que todo a mi alrededor se relaje y me “acepte”, y que ese instante coincida con el momento en el que la luz adecuada me permita capturar la verdadera esencia de la escena. Aunque el equipo no sea lo más importante, es innegable que uno de calidad facilita enormemente las cosas. Un buen equipo permite trabajar en condiciones de luz complejas, mejorar composiciones o capturar secuencias a velocidades inimaginables hace unos años, pero lo esencial es estar familiarizado con tu equipo sea el que sea, conocer cómo responde en cada situación y permitirte centrar toda tu atención en la escena, olvidándote de tener pensar en cómo usarlo. Para viajes cortos, por carretera, donde tengo más libertad de carga, me permito llevar un equipo más voluminoso. Normalmente dos cuerpos Canon (5D Mark IV y R5 Mark II) junto a un conjunto de lentes fijas que varían según el propósito del viaje. Habitualmente incluyo un 500mm f/4 IS USM, un 300mm f/2.8 IS USM II, un 70-200 f/2.8 IS USM y un par de lentes más luminosas y cortas.
Este equipo me proporciona una calidad de imagen excepcional y me permite realizar ajustes adicionales durante el procesamiento digital una vez que regreso a casa, con herramientas como Adobe Lightroom, Topaz Labs y, en casos específicos, Photoshop, todo ello en un MacBook Pro M3 con 32 GB de memoria unificada y dos monitores Apple Studio Display 5K. Para viajes internacionales o períodos prolongados, priorizo la ligereza y la versatilidad, tanto para evitar problemas de transporte como para reducir la carga física. En estos casos, suelo optar por teleobjetivos zoom (Canon RF 100-500mm f/4.5-7.1 o Sigma 150-600mm f/5-6.3), un zoom medio y dos angulares: un Canon 24- 105mm f/4.0 IS USM y un 16-35mm f/2.8 IS USM. Todo ello cabe perfectamente en mi mochila Gura Gear Kiboko 30L, ligera, espaciosa y de diseño muy práctico.
Si bien mi principal objetivo cuando viajo es capturar vida silvestre y paisajes, disfruto igualmente explorando otros temas como las personas en su entorno, festivales, mercados o arquitectura, y mi enfoque y estilo varían enormemente dependiendo del objeto: Cuando fotografío fauna salvaje, el sujeto y la composición son los elementos clave. Con el tiempo, he evolucionado hacia un estilo más minimalista, donde las composiciones sencillas y el contexto cobran protagonismo, permitiendo que el entorno cuente una historia y relegando al sujeto a un papel más sutil, pero igualmente poderoso.
En la fotografía de paisajes, la luz y el color adquieren una importancia central, al igual que una composición potente pero equilibrada. Presto especial atención a las texturas, las líneas y los patrones que dan vida al paisaje. Este tipo de fotografía requiere habitualmente utilizar un buen trípode, mucha paciencia, planificación y, como en todo, un poco de suerte. Por último, mi mayor desafío es la fotografía de personas y retratos, donde el enfoque cambia por completo. Aquí, la condición humana, su diversidad y la conexión emocional que surge entre el sujeto y la cámara, son mi principal motor creativo. Sin embargo, he de reconocer que cada vez que apunto mi lente hacia una persona, me invade un terrible pudor, como si estuviera irrumpiendo sin permiso en un espacio profundamente personal.
Hoy, soy consciente de que esta sensación me limita y no doy todo lo que puedo ofrecer en este tipo de fotografía, pero también me hace más consciente del respeto y la sensibilidad necesarios para captar la autenticidad del momento. Intento que cada imagen no solo capture un rostro o un conjunto de personas, sino también una esencia: la riqueza de sus gestos, la profundidad de su mirada y los lazos que conectan a las personas con su entorno y su cultura. A diferencia de la fotografía de vida salvaje o de paisaje, la luz deja de ser el protagonista absoluto. El color, incluso, puede pasar a un segundo plano o desaparecer, cediendo el protagonismo al sujeto, a su historia y a una composición que conecte emocionalmente con quien observa la imagen e invite a la reflexión. Cada retrato que hago, es un intento de honrar la autenticidad de la persona.
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